13 abr. 2011

El Traje de Lula

Pareciera que pasó mucho tiempo desde que se leía por doquier el avance de la izquierda en América Latina, después de una década (y monedas) de gobiernos liberales confesos, asumió en 2003 en Brasil la presidencia un ex líder sindical del sector metalúrgico de Sao Paulo: Lula. Fundador del Partido de los Trabajadores (PT) y vinculado en su juventud con la izquierda que resistía al poder de turno, perdió tres veces la carrera por la presidencia, en 1989, 1994 y 1999.

Con escepticismo se recibió a este nuevo gobierno, y pronto todos se enamoraron de este gordito simpaticón, que cambió la remera por el traje y recibió el mando presidencial de Fernando Henrique Cardoso (que merece una nota al pie casi tan larga como este texto entero). El modelo Lula se convirtió en una marca registrada. Elegido personaje del año por diversos medios periodísticos, de diversos países y en repetidas oportunidades. Su política económica se jacta de haber sacado a 50 millones de brasileños (más que la cantidad de habitantes argentinos) de la pobreza absoluta, fue la cara visible del Brasil potencia emergente que negocia en la mesa chica de los principales regímenes internacionales. Aunque ya no esté en la presidencia, el modelo Lula sigue vigente en Dilma Rousseff.

¿Cómo no querer aprender algo de este modelo? ¿Cómo no querer aprovechar sus ventajas? Es así que tenemos hoy dos casos patentes de candidatos presidenciales de países latinoamericanos que, emulando a Lula, se pusieron el traje. El primero de ellos fue en 2009 José “pepe” Mujica, candidato del Frente Amplio a la presidencia de Uruguay, que en plena campaña asumió que la primera vez en su vida que se ponía un traje era para visitarlo al presidente brasileño. No es una metáfora, "Si será grande Lula que hasta traje y corbata se puso; eso sí que es heroico", dijo el pepe.

El Pepe, ex guerrillero Tupamaro, asumió la presidencia uruguaya.

El modelo Lula termina de confirmarse como una marca en estos días, cuando el Diario El País publica una nota sobre el cambio de perfil del candidato a Presidente en Perú, Ollanta Humala titulada “La metamorfosis de un caudillo”. El ex militar peruano se candidatea por segunda vez, y aconsejado por el asesor de Lula, João Santana, cambió su imagen y se puso el traje. En 2006 se lo vinculaba estrechamente con el modelo bolivariano de Chávez y un nacionalismo férreo basado en su retórica anti-neoliberal y su militancia en el Partido Nacionalista Peruano. Hoy se muestra moderado, enviando mensajes de tranquilidad a los inversionistas extranjeros. La segunda vuelta electoral (que lo enfrenta con la hija del ex Presidente Alberto Fujimori, contra el que Humala lideró un levantamiento en sus años de militar en 2000) nos develará si este modelo es tan exitoso como parece, o no.

Aún a riesgo de caer en simplificaciones y lecturas superficiales, cambiar la imagen de un político en campaña no es sólo retórica y carisma en la tele. Implica mucho más. Bajar el nivel de confrontación, acordar con sectores que otrora estaban en la vereda de enfrente, abandonar (¿parcialmente?) la ideología de la juventud y volverse pragmático. Esas parecieran ser las lecciones sobre la mesa, que las tome el que las quiera tomar.



* El dato de color: el traje que usara Lula para asumir la presidencia en 2003 fue subastado por U$S 285.ooo

3 abr. 2011

De colonias y metrópolis

El mundo del cine ha explotado la temática colonial desde varios ángulos y con mayor/menor profundidad. En este caso voy a referirme a dos películas franco-africanas de 2010, que tratan dos historias diferentes pero con ciertos puntos de contacto: Hors la loi (Fuera de la ley), film franco-argelino que compitió como mejor película extranjera por los premios de la Academia; y Un homme qui crie (un hombre que llora), producción franco-belga-chadiana.

Lo que encuentro especialmente atractivo de las películas por fuera de las mainstream, llámese independientes, cine europeo, o como sea, es que son pequeñas historias en las cuales el director dispone de tiempo y espacio para que el espectador pueda empaparse de la historia, mimetizarse con la forma de pensar de los personajes, comprender su idiosincrasia (a veces) y apreciar su idioma. Últimamente no paro de prestar atención a la cuestión idiomática en el cine europeo. En Bucarest 12:08 por primera vez escucho hablar en rumano, y encuentro muchas palabras latinas, un parecido sorprendente con el italiano (que destacó Dipló) y expresiones típicas del alemán.

Hors-la-loi no es la típica película europea. El timing que maneja el director por momentos es pausado, por momentos es más rápido al estilo de las grandes ligas del cine. En cambio, la cuestión idiomática es fascinante: la constante confusión del francés y el árabe en Argelia, y luego en el corazón de la metrópoli (Paris) habla por sí misma. Son argelinos, nunca van a ser franceses ( y lo que le da un valor especial es que la película transcurre en los años en que la lucha por la independencia argelina no había finalizado). Hablan el francés como lengua oficial, es la lengua que les enseñan en las escuelas, la lengua que deben utilizar si realizan trámites, pero su lengua materna es el árabe y en la intimidad del hogar, el núcleo de pertenencia y de identidad primaria, son árabes.

Un homme qui crie sí tiene el ritmo típico de la película europea, que por ahí hasta me hace acordar a los silencios incómodos de misa. Quizás faltó algo para terminar de darle la vuelta a cada personaje, pero tampoco seamos vagos, podemos ponernos un poco en su lugar y apelar a nuestras herramientas y veremos que son el reflejo de una sociedad al borde del abismo en un país sumergido en la Guerra Civil, donde la pobreza (extrema) contrasta con una pretendida modernización al estilo capitalista. Chinos que compran resorts, chadianos que quedan sin trabajo a los 50 años, jóvenes sin un futuro cierto.

Especialmente sorprendente es la naturalidad con que el protagonista le pregunta a Djénéba de dónde viene, de Mali. África central es un mosaico de países en crisis constante, con desplazados internos y flujos migratorios. Chad, donde transcurre esta película, limita al suroeste con la problemática región de Darfur, que concentra la atención internacional por la cantidad de desplazados internos y los horrores de una guerra sin tregua.

En esta película también se confunde el francés con el árabe. Y más que en hors-la-loi se nota la impronta colonialista de la francofonía, dado que el francés es una lengua de autoridad: se habla francés con el jefe, con el ejército, con los apenas conocidos. Tan pronto como nos acercamos a un nivel de mayor confianza y cotidianeidad, los personajes hablan en árabe: con su mujer, con su hijo, con aquel que considera un amigo en el ambiente de trabajo, con la vecina que siempre viene a manguear algo.

Si aún hoy, a 50 años de sus independencias, el cine (como expresión artística) nos muestra que persisten sociedades con estas dualidades, no debería sorprender a nadie una película como “Entre les murs” (2008). Francesa de pura cepa, reproduce esta dualidad en un salón de clases en el último arrondissement parisino. Son alumnos franceses, hijos de inmigrantes de ex colonias que hablan sus propias lenguas y tienen sus propios códigos.

El cine francés cuenta con tantos detractores como amantes (entre los que me cuento), pero si algo no podemos dejar de destacar, es que en una sociedad (y una clase política) a la que siempre miramos de reojo con un halo de desconfianza – por su histórica hipocresía en el tratamiento de la cuestión colonial – todavía se abren espacios para reflexiones como ésta.

21 feb. 2011

Televisión ¿la sartén por el mango?

No es algo nuevo lo que me propongo expresar a continuación (novedad, diletante), tengo plena conciencia de que la influencia de la televisión en la sociedad es un tema tan trillado como la juventud y el alcohol.

Permítanse aceptar mis disculpas del caso y dense la oportunidad de repensar el actual vínculo

que nosotros, seres urbanitas, mantenemos con el mejorbarómetro - aunque dista mucho de ser un espejo fidedigno - de nuestra vida cotidiana que es la instaladísima y mal llamada caja boba.

Prácticamente todos los días en los diferentes canales escuchamos decir frases como "por decisión de la gente" o "momento histórico" refiriéndose, la gran mayoría de las veces, a sucesos más bien anecdóticos cuya trascendencia, medida cuidadosamente minuto a minuto, no llega a superar más que un par resúmenes super-editados por parte de programas hechos sobre la base de tapes ajenos a falta de contenido propio.

Pero como bien dice el viejo dicho: la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer. Con esto quiero apuntar la mirada hacia el otro lado del show mediático: el televidente, la audiencia, el público.

Por ejemplo, es extendida la creencia en el mito de que cualquier sujeto que enciende la pantalla chica desde la comodidad de su living está contribuyendo al rating de tal o cual programa. Esto no puede estar más alejado de la realidad puesto que IBOPE realiza sus mediciones basándose en los people meter – aparatitos instalados en una muestra de 810 hogares distribuidos por Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza que registran minuto a minuto el consumo televisivo de los habitantes de un hogar.-


A ello habría que agregar que la colecta diaria, como bien dice la página oficial del IBOPE Argentina, difícilmente alcanza a todos los hogares intervinientes, dado que los datos se reciben por línea telefónica y en algunas ocasiones por razones de diversa índole, no es posible establecer la comunicación. Es decir, que ni siquiera se colecta información de la totalidad de esos 810 hogares con equipos instalados. Una última aclaración al respecto que vale la pena dejar asentada para acentuar el limitado alcance del mentado rating: para medir la audiencia en el resto del país sólo se realizan mediciones discontinuas (una o dos veces por año) en Mar del Plata, Santa Fe/Paraná, Bahía Blanca, Alto Valle y Gran Tucumán utilizándose el método de cuadernillo auto-administrado, no los people meter.

Por lo tanto, es muy probable que aquel devoto o detractor de determinado tipo de programa no vea reflejadas sus preferencias en esas mediciones de audiencias que, criticadas o absolutizadas, tanta publicidad y atención merecen semana tras semana, ciclo tras ciclo.

No obstante, no debe creerse que el televidente peca de ingenuidad únicamente. Cada día que pasa los artilugios televisivos son cada vez más y mejor adaptados a las diferentes realidades de aquellos. Con esto último se me viene a la cabeza el odioso ejemplo del reclamo de la presencia de las cámaras por parte de los afectados por situaciones no tan extraordinarias como las protestas sociales o los hechos delictivos.

¿Es que llegamos al punto en el que las manifestaciones sociales solo tienen validez si cuentan si hay un lente captando lo que pasa? Sinceramente creo que esto puede responder a una gran variedad de causas que no pretendo definir taxativamente.

Una de ellas es la profunda desconfianza hacia todo el aparato político a la hotra de actuar como mediador (ni siquiera como solucionador o apaciguador) de conflictos y diferencias sociales.

La otra causa que se me ocurre es esa necesidad de formar parte de algo importante que casi todos tenemos como buenos animalitos de Dios somos. Lo “importante” en estos días que corren está dada por la atención mediática que el hecho despierta; la cobertura más que el acontecimiento en sí. Ojo, la televisión hace rato que se dio cuenta de ello y es por eso que supedita continuamente todo veredicto final a la opinión, al voto del público en general el cual, al parecer, disfruta –en forma participativa o no – de este círculo vicioso que viene a hacer las veces de (y permítanme el término, politólogos) una democracia directa. Eso sí, una democracia sumamente satirizada a la vez que configurada acorde a las diversas líneas editoriales que se esfuerzan por ocultar, en mayor o menor medida, tras un manto de pluralidad objetiva de dudosa independencia respecto de sus efectos redituables.

Sé que este tema es inagotable, por lo que estaría bueno que me acerquen sus impresiones y opiniones al respecto.

13 feb. 2011

Catch a dream


¿Cuál es el punto que dictamina el corte entre el sueño de la realidad? Muchas veces lo onírico toma tanta fuerza y claridad que sacude hasta los basamentos más profundos e incuestionables de nuestra vida diaria. ¿Serán ilusos los que deciden guiarse por esas clarividencias breves? ¿Estará bien abandonar los sueños al olvido luego de que nos levantamos?

Nunca tuve los pies sobre la tierra, siempre me gustó volar. A veces planeaba alto, otras - la gran mayoría - lo hacía bajito, bajito y en las peores condiciones que yo mismo me imponía. Hoy decidí dejar el vuelo de cabotaje. No digo "de una vez y para siempre" porque para eso debería cambiar el avión con el que nací y para eso se necesitan no meses, sino años y hasta décadas de terapia y autorreflexión.

Lo único que espero de mí y de todos mis seres queridos es que prendan motores y marchen bien, pero bien lejos alcanzando esos destinos exóticos que todos - absolutamente todos -encerramos bajo tres vuelta candado en lo más íntimo de nuestros standarizados seres. Es que si uno no es fiel a sí mismo, es muy difícil sentirse en plenitud.


6 feb. 2011

Serás lo que debas ser, o serás... político


Las traducciones del alemán al español dejan lugar a ciertas "lagunas" que pueden generar controversia. Mil veces escuchamos que si Marx dijo condiciona o determina, o cosas asi. Algo parecido pasa con un escrito de Max Weber, donde la confusión que abre da lugar a la reflexión a continuación: ¿La política como profesión o como vocación?.
Se ha estado hablando del tema últimamente porque con bombos y platillos el PRO anuncia la posible candidatura a Gobernador de Santa Fe de Miguel Torres del Sel, cómico santafesino (y tatengue) al que le elogian más sus piernas con minifalda cuando caracteriza a la Tota que su sapiencia y compromiso social.
Sin embargo, que una figura de afuera (el famoso y conocido Outsider) del ámbito político/partidario busque y/o consiga ocupar un puesto ejecutivo no es una novedad. Ser político es más una profesion, aunque sin dudas que habrá quienes tengan esa vocación. No se estudia para ser político, uno no cuelga en la pared un título habilitante para ser político. Sí, politólogo que no es lo mismo. En nuestro fuero interno será cuestión de pensar (o no) que un título de grado en ciencia política, antropología, sociología, filosofía o lo que sea con un fuerte y profundo bagaje intelectual es aquello que nos permite una estructura de pensamiento más apropiada para llevar las riendas de una sociedad; o que muchos libros y mucha intelectualidad no hace gestores eficientes que resuelvas soluciones prácticas, sino que enriquecen tan sólo una linda tarde-noche tomando café; o que es en el ámbito de la gestión empresarial (les aseguro que esta sola idea hace temblar de horror a mi pobre fuero interno) donde el hombre aprende a ser ejecutivo y eficiente.
La historia democrática de nuestro país nos dice que la mayor parte de los hombres y mujeres que fueron Presidentes, tienen formación universitaria de la rama del derecho: 17 fueron abogados. 2 médicos también. Otros tantos fueron militares (diecisiete), pero bien aclaré que me refiero a la historia democrática, y no a los gobiernos de facto.
La utilización de figuras populares para candidaturas políticas es el menemismo en su salsa. Pizza, champagne y farándula. Varias veces dije que los noventas parecen una época de borrachera donde todo podía tomarse a la joda. Era fácil perder el foco. Casi siempre había un famoso metido en una escándalo con la ley, y en vez de investigar con profundidad el hecho ilícito, nos daban de comer al famoso.
Los deportistas en los noventas ocuparon puestos importantes, y aca no hay dudas: serás el mejor en tu área, pero de ahí a hacer política hay una distancia importante. Algunos siguen hasta hoy (Cerati dixit), como Daniel Scioli que con perfil bajo (o haciéndose el boludo, diría Felipe) se acomodó al lado de cada uno. ¿Y Reuteman? figura-hombre referencia del peronismo disidente, nos gobernó en Santa Fe dos veces y hasta se da el lujo de aparecer nombrado en es escándalo de Wikileaks, pero nunca ganó una carrera automovilísitca. Hugo Porta, un icono del rugby argentino fue Embajador en Sudáfrica y Secretario de Deporte (1996 - 1997).
Sólo destacando figuras del deporte vemos que la política como vocación da lugar a la política como profesión. Se vive de la política, no para la política. Y no me hagan hablar de empresarios multimillonarios que de pronto se les despertó el bichito político y se les ocurrió "ser parte" de algo. Porque en este terreno sí que me peleo con Max Weber, el Estado es todo menos una Empresa. Las reglas de la eficiencia y la maximización de ganancias no tienen lugar cuando lo que está en juego es la vida de la gente. Macri, teléfono.

1 feb. 2011

Cuando me muera quiero convertirme en TT

Últimamente estoy obsesionado con el carácter efímero que encierra el mundillo de las redes sociales globalizantes y no puedo dejar de contraponerlo a la necesidad de posteridad que todo ser humano posee, en forma encubierta o no.
Me resulta imposible no recaer en curiosidades morbosas al respecto: ¿nuestras lápidas mostrarán la cantidad de "amigos" -comillas nunca mejor empleadas- de Facebook que supimos conseguir? ¿o bien seremos recodados por nuestros tweets más retwiteados siguiendo el hashtag (¡cuántos extranjerismos en una sola oración!) del momento?
Realmente lo dudo. Como así también descreo de esa vida 2.0, por más atrayente que sea, que parece empeñada en suplantar o al menos supeditar a sus caprichos a la otra, a la vida real, que está bien, viene con mayores tragos amargos pero también es infinitamente mucho más plena que aquella.
Probablemente me encuentre con opiniones que dirán que lo uno no necesariamente quita lo otro. Puede ser, pero es indudable la existencia de una temible vigorosa tendencia, disfrazada de moda pasajera, que vuelve cada vez más necesaria la actualización en el espacio virtual de lo que hacemos y pensamos cada día.
No pretendo hacer una "revolución islámica" (sic), sólo me gustaría que por un momento nos detengamos a pensar en esta locura, adictiva sí, que nos conlleva - a algunos más que a otros - a reducir la tan anhelada conquista social de la privacidad.
Y a los que no participan de ninguna red social ¿nunca escucharon aquel dicho que reza que la anti-moda es, a fin de cuentas, otra forma de moda?
Tal vez sea injusto el hecho de hacer comparecer a cualquier elemento de nuestro trajinar diario con algo tan absoluto como la muerte, aclaro que ello fue a propósito ya que creo que la muerte, mal que nos pese, es el único evento que logra colocar nuestras cosas en perspectiva. Quizás peque de ser demasiado pesimista o un poco existencialista, pero indudablemente hoy me ubico, en contra de lo cotidiano, un poco más lejos de la frivolidad.